Esos pequeños detalles cotidianos

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ES FRECUENTE escuchar quejas, especialmente tras el fin de semana, sobre destrozos en el mobiliario urbano. El vecindario lamenta con frecuencia los daños en señales de tráfico o las pintadas en paredes o bancos. La pregunta, que suena a retórica, es siempre la misma: ¿No tienen otra forma de divertirse? La respuesta, con otra pregunta como buenos gallegos, es también reiterativa: ¿Qué pasaría si a los responsables del destrozo les hicieran una gamberrada similar en el salón de su casa? Del mismo modo que no es normal que se maltrate el mobiliario público, en el otro fiel de la balanza nos encontramos ejemplos de civismo que nos recuerdan que respetar los espacios públicos y conservar sus infraestructuras en condiciones es tarea de todos. Así lo demostró un grupo de jóvenes al arreglar una canasta en la pista de baloncesto cercana a Fonte do Rei. Lo hacían por su propio interés, pero su gesto se eleva a la categoría de lección de colaboración ciudadana.

Es triste ver como algunas instalaciones duran un tiempo determinado ante el empeño de unos pocos vándalos en deteriorarlas. La situación resulta más lamentable si los daños afectan a monumentos históricos.

El Ayuntamiento de Lugo efectúa un notable esfuerzo en la limpieza de la vía pública, en la modernización del mobiliario urbano o en el adecentamiento de zonas verdes y deportivas. Para preservar estas inversiones sería conveniente que impulsase una campaña de invitación al civismo. No me parece ocioso que nos recuerden, de vez en cuando, que la ciudad es de todos y que cada uno de nosotros debemos procurar mejorar la calidad de vida de los a través de los pequeños detalles de nuestra vida cotidiana, como el protagonizado por estos baloncestistas.

Estas campañas pueden convertirse, además, en una herramienta útil para educar a los escolares en el respeto al medio ambiente y el cuidado del entorno. Pero lo realmente edificante es la actitud de esos chavales, unos autóctonos y otros inmigrantes, al reparar un bien de la comunidad. Incluso se tomaron la molestia de traer las escaleras de su casa.

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